Este domingo 16 de noviembre iremos nuevamente a las urnas, a fin de responder en 1 papeleta a 3 preguntas de Referéndum y 1 de Consulta Popular, momento que exige reflexión serena y no fanatismo.
a) En cuanto al Referéndum:
1.- Eliminación de la prohibición de bases militares extranjeras: Votar (sí) por la eliminación, permitiendo cooperaciones profundas, tiene sentido, con mayor motivo, en un país asediado por el crimen organizado transnacional, cuyos tentáculos del narco están cada vez más inmersos y camuflados, ojalá aún no mimetizados en parte importante de la sociedad.
2.- Eliminación de la asignación de recursos por parte del Estado a las organizaciones políticas: Tiene sentido votar sí, para cerrar una vía de rentismo electoral, mediante partidos de alquiler y candidaturas para hacer caja. Pero, sin financiamiento público, crece el peso del dinero privado (de candidatos, afiliados y simpatizantes), pudiendo excluirse a buenos candidatos sin respaldo financiero e inclinándose la cancha en favor de grandes billeteras, así como de capitales opacos. Consecuentemente, la activación de topes reales, bancarización obligatoria, trazabilidad de recursos, rigurosas auditorías de aportes y gastos es fundamental.
3.- Reducción del número de asambleístas: Disminución de 151 a 73 asambleístas, de tal suerte que sean 10 nacionales, 24 provinciales más 1 provincial adicional por cada 400 000 habitantes (censo 2022), tiene sentido votar por el sí, a fin de propender a adelgazar la masa burocrática muchas veces ineficiente. Pero menos curules no garantiza mejores leyes, consecuentemente se debe corregir también los requisitos para ocupar dichos cargos, exigiendo más edad, méritos académicos y alta capacidad; sin lo cual, lo único que se ganará será una asamblea más pequeña pero con los mismos vicios.
b) En cuanto a la Consulta Popular:
Asamblea Constituyente:
La pregunta propone convocar e instalar una A. Constituyente de 80 asambleístas (24 nacionales, 50 provinciales y 6 del exterior), la misma que en 180 días prorrogables por 60 adicionales, deberá presentar una propuesta de nueva constitución. Decisión quizás necesaria para desterrar la de Montecristi, pero no por ello poco sensible. La asignación de escaños por el método D’Hondt (tiende a favorecer a los partidos grandes), previsiblemente favorecerá una polarización en dos bloques (oficialistas y correístas). Siendo así, pudiera ser que RC5 juegue políticamente a dos bandas, por un lado por el No, pero a la vez preparando sus cuadros internos (quizás los extremistas y allegados a Correa); ya que, dadas las proyecciones, se necesitarían sus votos para que se pueda avanzar y decidir en la Constituyente. Oportunidad válida para que el correísmo recupere el poder perdido en la actual Asamblea, a efectos de intentar revivir el fantasma: a cambio de apoyo, conseguir espacios de impunidad (bloqueo o canje). Esto quizás explique la tibia – al momento – propaganda por el No por parte del correísmo.
Otro elemento sensible pudiera ser que, el Ejecutivo busque en la nueva constitución mayores espacios de concentración de poder, lo cual desnaturalizaría el sano sentido de la nueva constitución.
Ahí habita el verdadero riesgo: que la Constituyente derive en moneda de impunidad y/o en un diseño a la medida para concentrar poder.
La nueva Constitución, de darse y posteriormente de aprobarse por referéndum, debe blindar contrapesos, no debilitarlos; ya que, una nueva constitución que no blinde una real separación de poderes, sería apenas un atajo para el poder de turno y no necesariamente el mejor camino democrático para el país.
En todo caso, hay que ver esta próxima jornada electoral con esperanza y optimismo, a fin de que la Constituyente – de instalarse – pueda contribuir a un mejor Ecuador.