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Luego del fracaso político de la consulta popular, el gobierno debe repensar, con altura de miras, cómo enfrentar el tamaño de nuestro desafío. En los próximos diez años debemos instituir una tercera vía, que recoja lo mejor del capitalismo y del socialismo, para acabar con los extremismos perniciosos y disminuir la brecha entre ricos y pobres. Porque si no podemos redistribuir adecuadamente el fruto del progreso, el 60% de la riqueza nacional seguirá en manos del 10% más rico de la población y el 50% más pobre solo percibirá el 5% de dicha riqueza (World Inequality Data base). Entonces debemos crecer más rápido que el aumento de la población para que haya qué redistribuir.

Necesitamos verdaderos jefes de Estado, impolutos, eficientes y no solo administradores de crisis recurrentes. Precisamos un Plan Político Permanente para estabilizar las normas de la convivencia pacífica, para garantizar a los inversionistas compromisos duraderos que atraigan a empresas idóneas, que conjuguen la rentabilidad con el aumento del empleo remunerativo. Es decir, verdaderas políticas de Estado, con Instituciones estables y expertos calificados, en un marco de racionalidad democrática.

Si no podemos aumentar sustancialmente el ingreso fiscal, el déficit no disminuirá y no se podrá pagar las deudas acumuladas. Por eso es que la recaudación tributaria debe acabar con todas las exenciones, ventajas y privilegios, que disminuyen el porcentaje de los impuestos a los  perceptores de grandes utilidades. Si no creamos – con fuerte apoyo popular–  un Observatorio de las Recaudaciones del SRI, continuarán la elusión y evasión de los tributos.

Si no disminuyen en el mundo la producción y el consumo de las drogas ilícitas, no se podrá erradicar a las mafias de narcotraficantes, sobornadores, extorsionadores, mineros ilegales y contrabandistas. Entonces crecerá la economía ilegal y las mafias controlarán el poder político, consolidando un país amoral.

En dolarización, el que tiene dólares tiene el poder. Si no podemos diversificar las importantes exportaciones no petroleras, la riqueza nacional y el poder político se concentrará en los próximos años en las provincias de Guayas, El Oro, Los Ríos y Santa Elena, cuando lo óptimo es que todas las provincias generen exportaciones. Por ej. Quito debe liderar la producción exportable de una zona geográfica grande con Tungurahua, Cotopaxi, Imbabura, Carchi, Manabí y  Esmeraldas. Porque la falta de equilibrio llevará a más polarizaciones políticas más profundas.



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