Maduro tiene los días contados
Nicolás Maduro, dictador de Venezuela podría irse del poder el próximo mes, y le califico de dictador por usurpador del gobierno, porque habiendo el mismo convocado a elecciones no reconoció el triunfo electoral de Edmundo González Urrutia en las urnas en 2024, se burló pese a que la ONU, la UE, otros organismos y numerosos países en el mundo no lo reconocieron como presidente, incluso Estados Unidos en el gobierno de Joe Biden.
Nicolás Maduro se quiere ir, pero en un lapso de 2 o 3 años, sin presión, de manera ordenada y tranquila, claro, la idea debe ser que cuando Donald Trump termine su período presidencial y no tenga la fuerte presión que tiene ahora, querrá seguir quedándose en el poder. Más, el presidente de Estados Unidos no acepta esa dilación. Como sorpresa podría ocurrir que Putin se lo lleve a Rusia, ya lo hizo con el exdictador de Siria Bashar al-Assad en enero de 2005.
La Administración Trump tiene a Maduro y su “camarilla” acogotados, con el Comando Sur listo para dirigir las operaciones de guerra. La base de Puerto Rico está totalmente activada con aviones de combate preparados para despegar hacia Venezuela. La CIA ha preparado operaciones encubiertas en instalaciones relacionadas con el narcotráfico y están esperando una orden presidencial para atacar. Recordemos que Estados Unidos ofrece 50 millones por Maduro, a quien se lo entregue. Rubio secretario de estado, le califica como jefe del cartel “los soles”. También le denomina dictador, terrorista vinculado con el cartel de Sinaloa.
Maduro está relacionado con el “Tren de Aragua” un grupo criminal, que tiene tentáculos en varios países de América, incluso en Estados Unidos.
El dictador, en su desesperación, en conversaciones informales, ofrece el petróleo venezolano a empresas estadounidenses, pero, por la aceleración y rapidez de las acciones norteamericanas, máximo en diciembre está fuera del gobierno.
Acá hay voces de venezolanos amigos en las calles y en sus negocios que ansían regresar a su país en cuanto se reorganice y enrumbe democrática y económicamente. No obstante, manifiestan estar contentos en Ecuador, dicen que les tratamos muy bien. Pero la tierra chuta.
Mercedes Regalado
Tungurahua le dijo rotundamente “Sí” al cambio
Los ciudadanos de la provincia de Tungurahua fueron los únicos que votaron mayoritariamente “Sí” en las preguntas del referéndum y consulta popular. Este apoyo refleja un fuerte deseo de transformación en áreas clave como la seguridad, la política y la estructura del Estado.
Una de las razones más destacadas para el voto afirmativo fue la creciente preocupación por la seguridad. La pregunta sobre la eliminación de la prohibición de bases militares extranjeras fue vista por muchos como una forma de reforzar la seguridad nacional. Los ciudadanos confían en que una mayor cooperación internacional podría fortalecer la defensa del país.
Otro tema relevante fue la eliminación de la asignación automática de recursos del Estado a las organizaciones políticas. En Tungurahua, la mayoría de los votantes se mostró en contra de que el dinero público se destine a financiar partidos políticos. La gente siente que esos recursos deben ser utilizados directamente para el bienestar social.
La propuesta de reducir el número de asambleístas también recibió un rotundo “Sí”. Los tungurahuenses consideraron que la Asamblea Nacional necesita ser más eficiente y responsable. Un menor número de legisladores podría permitir un trabajo más ágil y enfocado en resolver los problemas del país.
La reforma constitucional, propuesta en la última pregunta, fue otra de las razones por las que los votantes se inclinaron por el “Sí”. Muchos consideran que la Constitución actual ya no responde a las necesidades del país y que es urgente una revisión profunda que adapte la Carta Magna a los desafíos actuales.
En términos de seguridad, economía y política, los votantes esperan un cambio hacia un Ecuador más justo y equitativo. Ven en estas reformas una oportunidad para un futuro más próspero.
El “Sí” de Tungurahua no solo es un respaldo a las reformas propuestas, sino una clara señal de que los ciudadanos quieren un Ecuador renovado, con una política más moderna y alineada con sus necesidades.
Roberto Camana-Fiallos