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La pelota volvió a rodar lejos del césped y esta vez lo hizo en los pasillos más tensos de la gobernanza del fútbol mundial. El apoyo público del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, a Donald Trump, junto con la entrega de un inesperado “premio de paz” al mandatario estadounidense, encendió una tormenta institucional que ya escaló al Comité de Ética del organismo.
FairSquare, la organización londinense dedicada a la defensa de derechos humanos, presentó una queja formal alegando que Infantino habría violado el deber estatutario de absoluta neutralidad política. La denuncia exige una investigación a fondo y recuerda que el código de ética prevé sanciones de hasta dos años fuera del fútbol por transgredir dicho principio.
Todo un problema después del sorteo
Desde Zúrich, la FIFA guardó silencio: su comité de ética no comenta casos en curso ni confirmó la recepción de la queja. Sin embargo, el ruido es ensordecedor. Algunos analistas consideran que el sistema ético actual opera con menos independencia que hace una década, cuando Joseph Blatter terminó destituido en medio de un terremoto judicial.
Infantino, que en los últimos meses ha elogiado públicamente a Trump e incluso insinuado que merecía un Nobel de la Paz, ha estrechado lazos estratégicos con Estados Unidos de cara al Mundial 2026. Se trata del torneo más lucrativo en la historia del organismo, proyectado para superar los 10.000 millones de dólares en ingresos.
La ceremonia del sorteo en Washington fue el punto más alto de la polémica: Trump recibió el primer Premio de la Paz de la FIFA y apareció junto a mandatarios de Canadá y México. Para FairSquare, esta distinción no solo carece de sustento institucional, sino que es “una violación abierta del deber de neutralidad”.
La organización denuncia además que el premio fue creado unilateralmente por Infantino, lo que constituiría un abuso de poder. No es la primera vez que cuestiona al ente rector: ya lo hizo por el historial de derechos humanos de Arabia Saudí —anfitrión del Mundial 2034— y por los vínculos comerciales de Aramco con la competición. El tablero político vuelve a sacudir al fútbol y la FIFA enfrenta otro examen incómodo.