bg_album_art-removebg-preview


Cuando Matías Mancheno se sienta frente al tablero, el ruido se apaga. “Me relajo, los planes fluyen y las ideas empiezan a ordenarse”, dice el medallista sudamericano juvenil de 16 años, estudiante de tercero de Bachillerato en la Unidad Educativa Británico Los Andes, en Machachi. “Me permite buscar un enfoque para entender mejor un problema. Aumenta mi concentración”. La misma lógica—analítica, paciente, estratégica—le sirve para enfrentar ejercicios de matemáticas.

Más noticias

Las habilidades que se desarrolla con el ajedrez

Resolver un problema matemático no es repetir fórmulas: es analizar variables, anticipar consecuencias, comparar escenarios y decidir. Eso mismo ocurre en una partida de ajedrez. Para Pedro Almeida, presidente de la Asociación de Ajedrez de Pichincha, el tablero opera como un laboratorio de decisiones: “estimula la atención, la memoria, la planificación y la toma de decisiones”.

Añade un detalle poco visible a primera vista: el ajedrez combina letras y números en un sistema de reglas y coordenadas, lo que facilita el análisis y la creatividad y crea un puente directo con la representación simbólica que exige la matemática escolar.

El profesor de matemáticas del colegio Johannes Kepler, Alejandro Proaño, observa correlación, no garantía: los chicos que practican ajedrez “suelen desarrollar mejor la abstracción, la noción espacial y el pensamiento estructurado”. Pero el impacto depende de la motivación, el contexto y cómo se integra el juego a la enseñanza. “No se trata de resolver más rápido, sino de entender el problema, descomponerlo y elegir una estrategia”.

Dos modelos en Quito, dos maneras de entrenar la mente

Benedet School: ajedrez como materia

  • Carga horaria: dos horas semanales en todos los niveles, desde inicial hasta noveno.
  • Enfoque pedagógico: transversal. La directora Carolina Erazo lo concibe como “herramienta pedagógica” que trabaja dimensiones cognitivas, emocionales y sociales: manejo de la frustración, resiliencia, proceso de mejora.
  • Metodología por edades: Inicial: tablero gigante en el piso, dinámicas lúdicas y de roles para interiorizar reglas (filas, columnas, movimientos) y autorregulación. Primaria a básica: movimiento de piezas, valor relativo, nomenclatura, lectura de partidas y, progresivamente, aperturas, medio juego y detección de tácticas (jaques, etc.). La profesora María Alejandra Quiroz enfatiza control emocional y silencio como condiciones del análisis.
  • Resultados observados por la escuela: mejoras en concentración, autocontrol (incluidos estudiantes con necesidades educativas especiales, lectura y toma de decisiones. También se han identificado talentos que luego compiten fuera del plantel.
  • Retos: formación docente, acompañamiento a familias (muchos padres no saben jugar), y la necesidad de materiales adaptados al contexto ecuatoriano; no basta con “incluir” sin metodología.

La progresión desde lo lúdico (tablero gigante, roles) hasta la nomenclatura y lectura de partidas consolida el tránsito de representaciones a estrategias. En palabras de Almeida, ese “alfabeto” de letras y números permite al estudiante codificar/decodificar información y planificar mejor, una base para resolver problemas de matemáticas.

A la izq. Julián y Mauro, del Johannes Kepler. A la der.: Nicolás Montaluisa y Matías Leitón, de Benedet.
  • Oferta: Sesiones después de clase (lunes, miércoles y viernes, cerca de dos horas), con grupos heterogéneos por edad y nivel.
  • Soporte tecnológico: software que permite práctica adaptativa (desde 3 años), mecaniza patrones (“comer”, “enroque”, trayectorias), califica en el momento y acelera la curva de aprendizaje.
  • Ritmo y volumen: el extracurricular acumula más minutos efectivos de práctica, lo que -según el entrenador César Ruiz– acelera resultados deportivos y cognitivos.
  • Transferencia a matemáticas: Alejandro Proaño ve má abstracción, espacialidad y pensamiento crítico en quienes juegan. Además, se conecta con el Math Club (resolución de problemas).

La práctica intensiva y voluntaria-añade Proaño- fomenta análisis de escenarios, optimización (evaluar la mejor jugada bajo restricción de tiempo), conteo/combinatoria (líneas de juego posibles) y probabilidad (gestión de riesgo). Varios estudiantes describen que “analizan un ejercicio de matemáticas como una partida”: primero opciones, luego decisión.

César Ruiz enfatiza la diferencia entre el ajedrez en el currículo y como extracurricular: en el aula, el foco es educativo: pensamiento lateral, concentración e inteligencia emocional. En el extracurricular, el foco es más técnico–deportivo, con metas a corto plazo y mayor volumen de práctica.

¿Qué operaciones mentales ocurren en una partida y por qué sirven en matemáticas?

  • Comparación de valores (dama=9, torre=5, caballo/alfil=3, peón=1) para tomar decisiones de intercambio: es aritmética aplicada y optimización bajo costo/beneficio.
  • Anticipación de secuencias (si muevo X, el rival responde Y): razonamiento condicional y pensamiento algorítmico.
  • Evaluación de riesgos: noción intuitiva de probabilidad y administración de incertidumbre.
    Todo ello migra a matemáticas y ciencias cuando se plantean problemas complejos con varias rutas de solución.

Voces de los estudiantes

  • Nicolás Montaluisa (10 años), de Benedet School: “En matemáticas me ayuda el valor de las piezas. Tienes que pensar antes de mover”.
  • Matías Leiton (10 años), de Benedet School: “Me dio paciencia. En matemáticas y en ciencias eso es clave, porque si no piensas bien, te equivocas”.
  • Mauro Valencia (15 años), de Johannes Kepler: “Cuando resuelvo un ejercicio matemático hago lo mismo que en una partida: analizo las opciones y recién después decido”.
  • Julián Quintero (7 años), de Johannes Kepler: “Juego casi todos los días. En matemáticas me va bien”.

Qué se necesita para que funcione en la jornada escolar

Según Carolina Erazo y César Ruiz:

  • Formación y acompañamiento docente (no todos saben jugar/enseñar).
  • Objetivos pedagógicos claros (qué habilidad se trabaja y cómo se evalúa).
  • Materiales y software adaptados a nuestra realidad (no calcar modelos españoles o rusos).
  • Trabajo con familias para sostener hábitos y comprensión del valor educativo del juego.

Pedro Almeida advierte que el éxito no depende de ‘tener ajedrez en el horario’, sino de docentes formados, objetivos claros y materiales contextualizados. Y recomienda desterrar el mito de que el ajedrez es solo para ‘niños genio‘. Más bien se trata de un entrenamiento del pensamiento al que cualquier estudiante puede acceder si la enseñanza acompaña su ritmo.

Finalmente, el ajedrez no es varita mágica, pero sí un entrenamiento riguroso del pensamiento. En el aula o en el extracurricular, fortalece concentración, lógica, espacialidad y toma de decisiones: justo lo que matemáticas y ciencias piden a diario. La diferencia la marcan la metodología, la constancia y el contexto en el que se juega.




Source link

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *