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El cierre de las negociaciones del Acuerdo Macro Recíproco entre Ecuador y Estados Unidos representa un paso estratégico para la economía ecuatoriana. No se trata solo de un entendimiento diplomático, sino de una señal concreta hacia los mercados internacionales.

Ecuador busca un acceso preferencial a uno de los destinos más importantes del comercio global.

Estados Unidos es, por tamaño y poder adquisitivo, un mercado determinante para las exportaciones ecuatorianas. Su capacidad de consumo y su diversidad productiva lo convierten en un socio clave para sectores como el camarón, el banano, el cacao y las flores.

Solo el camarón generó cerca de 2 000 millones de dólares en exportaciones hacia el mercado estadounidense en 2025, lo que representó alrededor del 30% de los envíos no petroleros a ese destino. Detrás de esa cifra hay miles de empleos, encadenamientos productivos y un flujo constante de divisas.

El acuerdo cobra mayor relevancia si se considera el mapa comercial del Ecuador. Con tratados vigentes con China y la Unión Europea, Estados Unidos era el único de los tres grandes mercados de los productos ecuatorianos con el que no existía un instrumento comercial integral.

Lograr un entendimiento con ese país significa completar un triángulo estratégico que abarca a los principales polos de consumo del mundo.

Además, el pacto busca revertir los aranceles de hasta el 15% impuestos en 2025 a productos ecuatorianos. Es una medida que afectó la competitividad de sectores exportadores clave.

Recuperar el acceso preferencial no solo fortalece la balanza comercial, sino que también otorga previsibilidad a los inversionistas y a los productores locales.

No obstante, los beneficios del acuerdo deberán evaluarse a la luz de los compromisos asumidos por Ecuador, como la reducción de aranceles a ciertos bienes estadounidenses y la eliminación de barreras no arancelarias. En rubros no petroleros, el mercado ecuatoriano compra principalmente de Estados Unidos polímeros, aceite de soya, trigo, maquinaria y equipos electrónicos.

La clave estará en asegurar que la apertura sea equilibrada y que Ecuador fortalezca su competitividad interna.

Este acuerdo no es una meta en sí misma, sino una plataforma. Si se administra con visión estratégica, puede traducirse en más exportaciones, mayor inversión y empleo.

Ecuador necesita integrarse con inteligencia a los grandes mercados, y este paso con Estados Unidos apunta, al menos en el papel, en esa dirección.



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