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En San Miguel de Bolívar, un hermoso y apacible terruño, la familia Montenegro López  festejaba, hace 81 años, el nacimiento de Hugo Ramiro. Cuando el infante cumplió 5 años, fue matriculado en la escuela “24 de Mayo” de esa localidad. La hermosa naturaleza, ocultaba, con su divina grandeza, las carencias de luz eléctrica, de agua potable y de otros servicios básicos. La obscuridad de la noche era violada por luciérnagas, por el brillo de los ojos de una fauna abundante: guantas, armadillos, conejos, venados y por las inquietas flamas de velas y candiles.

En muy poco tiempo, Ramiro, aprendió a leer con fluidez; su abuela, muy inteligente, le pedía que arrullara su descanso con la lectura diaria de un capítulo de historia sagrada. El descubrimiento de pasajes bíblicos influyó para que el joven lector se interese por adquirir conocimientos históricos.

Continuó sus estudios en Quito, en el Colegio Juan Pío Montúfar, se graduó como Bachiller en Humanidades Modernas en esa Institución. A raíz de una grave enfermedad, con un pronóstico fatal, que fue tratada por el Dr. Carlos Andrade Marín, sintió el llamado de la medicina y dejó relegada a la historia. El estudio de medicina era exageradamente exigente y difícil. En cuarto año consiguió un trabajo como “externo” en la Clínica Santa Isabel y en el Servicio de Gastroenterología de la Clínica del Seguro Social. Se graduó como médico cirujano y fue parte del primer contingente de médicos que dio inicio a la Medicina Rural. Ramiro Montenegro López describió las experiencias de su promoción, en este programa de enorme servicio, en el libro “La Medicina Rural en el Ecuador”. En esa obra describe la integración de los médicos a la comunidad y la participación en mingas, eventos sociales y deportivos con la juventud de esos lares.

Al culminar la Medicina Rural, el Dr. Ramiro Montenegro, obtuvo una beca del gobierno mexicano, para realizar estudios de postgrado en la especialidad de Neurología, en la Universidad Nacional Autónoma de México, en el curso impartido en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía. En ese centro coincidieron 7 médicos ecuatorianos que se especializaban en Neurología, Neurocirugía, Neuro-Radiología y Neuropatología, provenían de Guayaquil, Quito y Cuenca. El doctor Montenegro alcanzó las notas más altas de su promoción y fue un verdadero líder que se hermanó con los postgradistas mexicanos y de otras nacionalidades y respaldó a sus compañeros ecuatorianos, que habían llegado, por su sugerencia, después de él, al Instituto. Se ganó el aprecio y la amistad de sus profesores e instructores.

Con el título de Neurólogo especialista, volvió al Ecuador y participó en dos concursos: Para jefe del Servicio de Neurología del Hospital Carlos Andrade Marín y para profesor de Medicina Interna de la Universidad Central del Ecuador. Triunfó en ambos.

La Neurología del Hospital Andrade Marín, se había separado como un nuevo servicio. El Dr. Montenegro lo complementó con otras subespecialidades: Neuro-radiología, Neurofisiología, Neuro patología, Psicología, con las que optimizó la atención a los pacientes.

Privadamente, fundó el Servicio de Neurología del Hospital Metropolitano y El Centro Médico Comunitario del Club de Leones. Fue miembro fundador de la Sociedad Ecuatoriana de Neurología y de la Liga Ecuatoriana contra la Epilepsia y le cupo el honor de presidir las organizaciones. Es miembro de varias Academias Internacionales, ha alcanzado premios, condecoraciones, reconocimientos nacionales, provinciales e internacionales. El Comité Internacional de Derechos Humanos le concedió el Reconocimiento Internacional como CIUDADANO INSIGNE, le entregó la DELEGACIÓN DE ALTO COMISIONADO PARA AMÉRICA y le premió con la concesión del título Doctor Honoris Causa.

En sus múltiples actividades, hizo vida política como Consejero Provincial de Pichincha y dejó una estela de trabajo intenso y honesto. Ha sido representante de los jubilados y sobre todo, como todo apasionado con una causa, alcanzó la presidencia de la Sociedad Deportiva Aucas. El éxito de su dirigencia se demostró con la nominación, por parte de la Asociación de Periodistas Deportivos de Pichincha, del MEJOR DIRIGENTE DEL DEPORTE PROFESIONAL en 1998 y con la designación de AFNA como EL DIRIGENTE MÁS DESTACADO de sus registros en el 2001.

Sus obras de medicina, de historia y los textos dedicados al Aucas, han tenido gran acogida y han sido galardonados por varias instituciones. Con justicia, fue invitado a ser miembro correspondiente de la Academia Ecuatoriana de Historia.  Está en imprenta un nuevo libro “Historia del Superclásico”. El presidente de LDU, Dr. Isaac Álvarez, ha aplaudido y apoya esta publicación por los gratos recuerdos que traen sus páginas.

El espacio es corto para plasmar todas las ejecutorias de este valioso ser humano anhelo que este aporte resuma apropiadamente los múltiples y grandes logros de esta vida de ciencia y de servicio.



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