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El futuro ha fascinado a la humanidad desde el principio de los tiempos. Filósofos, religiosos, científicos, videntes, astrónomos y astrólogos han intentado descifrar el porvenir de personas, instituciones y naciones del orbe. Pero muchas predicciones han quedado en entelequias, es decir, en elucubraciones, suposiciones, ficciones, ilusiones y quimeras.

¿Se puede anunciar lo que sucederá en el futuro? Los algoritmos -que hoy están en boga- responden que sí. Todo depende de los datos introducidos en el sistema, sobre hechos objetivos que sucedieron en el pasado, y gracias a simulaciones matemáticas, se podrían predecir las tendencias, como en los casos del clima, ciertas enfermedades y algunos procesos económicos y políticos. ¡La futurología digital tendría entonces un amplio horizonte!

En esa perspectiva, el futuro ya no sería producto de la invención de fantasías o fruto de la imaginación -mediante bolas de cristal o manos de gitanos-, sino de pronósticos cercanos a la realidad. ¿Realidad virtual? El resto -dicen-quedaría en poder de los lideratos, los artistas, los músicos y los filósofos de ocasión.

Las profecías bíblicas, y entre ellas la de Jesús y del Apocalipsis, están escritas; asimismo, las de Nostradamus y otros personajes que anunciaron la destrucción ecológica y la autodestrucción atómica.

Al parecer, la lucha eterna entre el bien y mal sigue vigente, según versiones de investigadores, que delatan la crisis humanitaria más grande la historia, con una paradoja descomunal: la acumulación de riqueza y la ausencia de bienestar en las tres cuartas partes de la población mundial, fuente de guerras y tensiones globales y regionales.

En ese contexto, las opciones son complejas ante la debilidad de las Naciones Unidas, y la omnipresencia de monarquías económicas y políticas, que afirman los totalitarismos de épocas, supuestamente, superadas.

A propósito de las Naciones Unidas, el “Pacto del Futuro” está vigente con estas directrices: el desarrollo sostenible y el financiamiento para el desarrollo, la paz y la seguridad internacional, la cooperación en ciencia, tecnología e innovación en lo digital, la declinación de las tasas de fertilidad y el envejecimiento de millones de personas, y una nueva gobernanza a nivel global.

Pero también el futuro próximo interpela a los ciudadanos del estado llano, que vemos con preocupación la debilidad de los Estados, el aumento de la inseguridad y la incertidumbre frente al derrumbe de las democracias. Pese a ello, hay que ser optimistas en nuestros escenarios cercanos, en aquellos que podamos incidir sin entelequias.



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