Tras una década escribiendo esta columna de opinión con dos mil caracteres en seis párrafos, no encuentro otra forma de resumir el año viejo y el nuevo que reseñando seis palabras que caducaron.
1. Élites. Eran minorías privilegiadas que concentraban riqueza, poder e influencia social con responsabilidad y solidaridad. Desaparecieron cuando abandonaron la responsabilidad y la solidaridad; ya no se interesan en la cosa pública, sino para saber con quién hay que entenderse.
2. Políticos. Cuando existían eran personas que se dedicaban a los asuntos públicos y buscaban el bien común. Desde que desaparecieron fueron reemplazados por aventureros que viven sin trabajar, utilizan la propaganda para simular que son líderes; administran y utilizan caprichosamente recursos que son de todos.
3. Ciudadano. Solía ser miembro informado y responsable de una comunidad, elegía representantes para administrar el Estado y ejercía el derecho a fiscalizar sus funciones. Desaparece el ciudadano cuando se convierte en siervo del Estado, dependiente de bonos y subsidios, consumidor de publicidad y relatos políticos, ignorante de su propio poder.
4. Verdad. Era única, significaba la conformidad entre lo que se dice y la realidad, pero ya desapareció y solo queda la opinión, que es múltiple, es la conformidad entre lo que se dice y lo que se siente o se quiere.
5. Justicia. Solía ser dar a cada uno lo que le corresponde de acuerdo con la ley. Desde que faltan jueces probos, la ley, su cumplimiento y el debido proceso, justicia significa ese absurdo descrito por Franz Kafka: la posibilidad de acusar al ciudadano por algo que no ha hecho, con funcionarios anónimos que le acosan hasta hacerle sentir culpable y reclamar castigo.
6. Dios. Era un ser supremo que daba sentido a todo y era la meta del destino humano. Cuando fue olvidado solo quedaron fiestas como Navidad, Semana Santa, bautizos.
Las seis palabras desaparecieron, si no las rescatamos no volveremos al camino correcto.