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El cine ya no empieza cuando se apagan las luces, sino cuando alguien decide no deslizar el dedo. En el celular, una historia tiene segundos para justificar su existencia antes de desaparecer en el ‘scroll’.

La pantalla que cabe en el bolsillo no espera. Exige inmediatez. Obliga a condensar. Y empuja a creadores, cineastas y plataformas a repensar cómo se cuenta una historia cuando el espectador de Ecuador o de cualquier parte del mundo puede irse de un momento a otro.

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📱 ¿Por qué importa el consumo de video en celular?

El celular ya no es una pantalla más, sino el centro del consumo audiovisual. Y esa forma de mirar-rápida, fragmentada, interrumpida- está influyendo en qué historias se producen, cómo se financian y qué lugar ocupa hoy el cine en la vida cotidiana.

El Informe Digital 2025: Ecuador, de Meltwater y We Are Social, confirma que el celular es el principal dispositivo de acceso a internet y a contenidos audiovisuales en el país. Y las redes sociales concentran buena parte del consumo de video, sobre todo entre los más jóvenes.

Para los centennials, ver una historia mientras llegan notificaciones, se responde un mensaje o se salta entre aplicaciones no es una distracción: es la forma normal de mirar. La atención fragmentada no es una excepción, sino el punto de partida. En ese contexto, el problema ya no es cuánto dura una historia, sino cuánto tarda en ser abandonada.

Un dedo se mueve sin pausa sobre la pantalla. Video tras video. Fragmentos de historias que empiezan sin aviso y se interrumpen a la primera señal de aburrimiento. Un segundo decide todo.

“El scroll es algo cruel, donde la atención del espectador dura un segundo y, si no lo atrapas, pasa al siguiente video”, dice Jorge Ulloa, director y creador de Enchufe TV. No lo dice desde la teoría, sino desde la práctica diaria de crear para plataformas donde la permanencia se gana -o se pierde- de inmediato.

Esa escena, repetida millones de veces al día, define hoy el gancho de una historia pensada para celular.

🧠 Qué exige el espectador al cine y al contenido audiovisual

Detrás del scroll no hay solo prisa. Hay nuevas exigencias narrativas. “El espectador digital exige sorpresa, en una época en donde es más difícil sorprender. Exige rapidez para tener más tiempo y ver más cosas. Y exige identificación en la cotidianidad”, señala Ulloa. No habla de caprichos, sino de un público entrenado para decidir rápido qué merece su atención.

Ese entrenamiento ocurre en un entorno saturado de estímulos, donde cada historia compite con notificaciones, mensajes y otras pantallas. El celular convierte la experiencia audiovisual en un territorio inestable: la permanencia nunca está garantizada.

Sin embargo, Ulloa marca un límite claro a la lógica del gancho permanente. “La honestidad y la buena forma de contar una historia siempre le van a ganar a cualquier notificación”. La velocidad importa, pero no sustituye al conflicto, a la emoción ni a la identificación humana.

Este equilibrio -entre rapidez y honestidad- define el nuevo lenguaje audiovisual pensado para el celular.

⏩ Del cine clásico al consumo móvil

El cine llegó al celular empujado por una transformación lenta, pero constante, de la forma en que aprendimos a mirar. Estudios citados en el programa Cómo vemos cine hoy, del canal Fuera de foco, muestran que el ritmo del cine empezó a acelerarse mucho antes de las redes sociales.

A lo largo del siglo XX, la duración promedio de las tomas se redujo de manera progresiva: de planos de más de diez segundos en el cine clásico a secuencias de dos o tres segundos en muchas películas contemporáneas. Películas de duración similar hoy tienen varias veces más cortes que hace medio siglo.

Ese cambio no fue solo estético. Fue adaptativo. El audiovisual comenzó a responder a un entorno cada vez más saturado de estímulos, donde captar la atención se volvió una necesidad narrativa y económica.

El celular no rompe esa historia: la acelera. Introduce una condición decisiva. El espectador ya no solo puede aburrirse, se va sin fricción, sin costo y sin culpa. El abandono es parte de la experiencia.

🎥 Algoritmos, plataformas y el nuevo lenguaje audiovisual

El nuevo lenguaje audiovisual no se escribe solo desde la teoría. Se aprende en tiempo real, frente a una audiencia que responde de inmediato.

“Las plataformas digitales tienen una ventaja por sobre todas las demás: la conexión inmediata con la audiencia”, dice Jorge Ulloa. El ensayo y error es constante. “Tu público te enseña qué quiere ver y qué no, en una creación y crecimiento mutuo. Ellos me enseñaron a ser mejor cineasta”.

Esa retroalimentación permanente redefine fronteras que antes parecían claras. Para Ulloa, la división entre contenido digital, serie y cine no pasa por el dispositivo. “No creo que tenga que ver con la pantalla donde se proyecte. Tiene que ver con el lenguaje”. El lenguaje digital es “inmediato, rápido y cercano”, mientras que el cine es “trascendental, cambia vidas y traspasa generaciones”, sin importar dónde se proyecte cada uno.

Marcelino García, profesor de Artes Contemporáneas e Historia del Arte en la USFQ, coincide en que este nuevo tipo de producciones no empobrece el cine, sino que amplía el campo audiovisual. “Demanda nuevas estrategias” y obliga a prestar atención a detalles que una película tradicional de dos horas no requiere, como condensar acciones y ser más preciso en cada decisión narrativa.

El problema, advierte, aparece cuando esa experimentación queda atrapada en la lógica de las plataformas. El algoritmo actúa como un gestor cultural: propone contenidos, mide su aceptación y termina influyendo en lo que se produce. En ese proceso, el sistema tiende a reforzar fórmulas que ya funcionan y a reducir el riesgo creativo. El resultado es una posible uniformización de la mirada, aunque muchos de esos productos sigan funcionando bien como entretenimiento.

🏗️ Cómo se produce para el celular y qué cambia detrás de cámara

Pensar el audiovisual para el celular no significa producir sin recursos. Significa producir distinto.

Juan Frank, productor audiovisual, advierte que grabar con un celular no elimina la inversión. “El hecho de grabar una peli con celular no quiere decir que no tengas que invertir en otros elementos”. Detrás de muchos proyectos móviles hay iluminación profesional, dirección de arte, lentes, dolly y equipos técnicos que siguen elevando los costos.

El celular democratiza el acceso, pero también eleva la competencia. “Al haber más creadores de contenido gracias a esta herramienta poderosa, es más difícil diferenciarse”, señala. La facilidad para producir se traduce en una saturación constante de imágenes, donde destacar exige más creatividad, no menos.

El formato vertical obliga a decisiones narrativas y estéticas específicas. La información visual se reduce. Los planos se cierran. La composición se vuelve más compleja. Para Frank, el desafío está en “contar una buena historia con menos elementos” y en aprovechar la cercanía extrema entre pantalla y espectador.

El celular amplía voces, pero también acelera la obsolescencia. Hoy no basta con que algo se vea bien. “Ahora ya no se trata de ‘qué lindo video’. Ahora cuéntame una historia. Atrápame”.

💡 El cine con celular no es barato y exige producción profesional

Grabar para el celular no es sinónimo de bajo presupuesto. Juan Frank, productor audiovisual, lo advierte con claridad: filmar con un teléfono no elimina la inversión. Detrás de muchos proyectos móviles hay iluminación profesional, dirección de arte, lentes, movimiento de cámara y equipos técnicos similares a los de una producción tradicional.

Lo que cambia no es el nivel de exigencia, sino el encuadre, el ritmo y la forma de producción. El celular reduce ciertas barreras de entrada, pero no reemplaza el trabajo creativo ni técnico. Democratiza el acceso, pero eleva la competencia.

🔮 El futuro del cine en la era del video vertical y las pantallas

Todo indica que este nuevo lenguaje audiovisual seguirá consolidándose. Las plataformas continuarán priorizando contenidos que retienen atención. El algoritmo seguirá influyendo en qué historias se repiten y cuáles quedan fuera. La producción se multiplicará en formatos, versiones y duraciones.

El desafío, coinciden las fuentes, no está en el dispositivo, sino en el lenguaje. Para Jorge Ulloa, la honestidad narrativa sigue siendo el único límite frente al scroll. Para Marcelino García, el cine no desaparece: se expande y convive con otros lenguajes. Para Juan Frank, diferenciarse será cada vez más difícil en un ecosistema saturado de imágenes.

Este nuevo lenguaje no compite con el cine tradicional: lo reinventa. Y lo hace desde la palma de la mano, donde millones de usuarios, creadores y espectadores se cruzan todos los días. La pregunta ya no es si esto es cine. La pregunta es: ¿qué otra historia cabe en vertical?




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