Durante un fin de semana, 73 jóvenes se reunieron en Quito para programar, dibujar, componer música y diseñar mecánicas de juego sin pausas. En 48 horas formaron equipos y desarrollaron 13 prototipos funcionales de videojuegos. El Global Game Jam Quito 2026 dejó una imagen clara: Ecuador no tiene todavía una industria formal de videojuegos, pero sí una comunidad capaz de crearlos.
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📍 Por qué este tema importa en Ecuador
Ecuador no figura entre los países de la región con industrias consolidadas de videojuegos, como México, Argentina, Brasil o Chile. No existen grandes estudios ni un mercado interno que sostenga su producción. Sin embargo, desde 2015 se organiza el Global Game Jam. Se trata de una maratón creativa que cada año reúne a programadores, diseñadores y artistas para desarrollar videojuegos en tiempo récord.
“El país no tiene aún una industria consolidada, pero sí capacidades técnicas muy competitivas”, explica Iván Terceros, de la Fundación OpenLab, una de las organizadoras del evento. Según Terceros, la comunidad ha crecido de forma sostenida y hoy cuenta con perfiles que trabajan para empresas internacionales o participan en circuitos y concursos fuera del país.
🎮 La escena: Tres prototipos en desarrollo

En una de las mesas de trabajo, el equipo liderado por Violeta Mediavilla desarrolló Sinchi Saynata, un juego de plataformas en 2D con estética pixel art. La historia presenta al personaje Aya Huma, que debe salvar al Chocó Andino con la ayuda de los animales endémicos de la zona.
“Logramos terminar el tutorial, las mecánicas base, el arte de los personajes, la música y el menú principal”, cuenta Mediavilla, estudiante de Diseño de Medios Interactivos. El equipo dejó pendiente ampliar el nivel y agregar efectos de sonido, pero planea seguir puliendo el proyecto.
Bryan Flores y su grupo, en cambio, apostaron por la comedia. Crearon un juego de gestión inspirado en títulos como ‘Papers’, ‘Please’, donde un alienígena debe ponerse una “máscara” de humano para sobrevivir en un trabajo explotador y reunir dinero para reparar su nave.
“Queríamos un juego de comedia que explotara situaciones absurdas”, explica Flores, productor del estudio ecuatoriano Alhajillo. Durante el proceso, el equipo replanteó mecánicas que no resultaban divertidas y priorizó el tono humorístico. Al final, dejó un nivel funcional que permite validar el concepto.
Un tercer equipo desarrolló un juego de plataformas sobre un diseñador gráfico que queda atrapado dentro de sus propios programas. Luis Ibarra, uno de los integrantes, describe el proceso como “reparar un avión mientras está volando”. La mecánica principal quedó operativa, aunque con errores técnicos propios del trabajo contrarreloj.
Los tres casos muestran un patrón común: equipos que, en dos días, lograron construir ideas jugables con historia, reglas claras y mecánicas básicas, concebidas como prototipos para experimentar más que como productos finales.

👥 Global Game Jam, un punto de universitarios
Hasta ahora se han realizado 12 ediciones del Global Game Jam en Quito. Tres fueron virtuales: dos durante la pandemia (2021 y 2022) y una en 2024, por la emergencia de seguridad. El evento de este año volvió a la presencialidad en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE).
En esta edición participaron 73 personas organizadas en 13 equipos, que desarrollaron 13 prototipos funcionales. Predominaron los perfiles técnicos, especialmente desarrolladores y programadores, seguidos por diseñadores gráficos y artistas visuales. También hubo músicos, animadores y productores audiovisuales.
La mayoría de participantes provino del ámbito universitario, principalmente de la Escuela Politécnica Nacional, la ESPE, la Universidad Central, la PUCE, la UDLA y la UTPL, además de institutos tecnológicos. También asistieron profesionales independientes, personas autodidactas y algunos estudiantes de colegio.
El motor más utilizado fue Unity, seguido por Godot. Unreal Engine apareció en equipos con mayor experiencia técnica. Algunos proyectos usaron motores más ligeros, como GDevelop, para acelerar el desarrollo.
“El nivel técnico ha crecido de forma sostenida”, señala Terceros. Parte de los participantes ya tenía experiencia previa en jams o formación académica. Otros aprendieron a usar motores de desarrollo durante las 48 horas del evento.

🧩 Qué aportan estas iniciativas en un país sin industria
El objetivo del Global Game Jam no es producir videojuegos comerciales. Su función principal es formativa y comunitaria. “Son espacios donde se aprende a trabajar en equipo, a tomar decisiones bajo presión y a desarrollar un juego en tiempo récord”, explica Terceros.
La mayoría de prototipos no se convierte en un producto terminado. “No están pensados para el mercado, sino para experimentar”, añade. Aun así, quienes participan salen con un aprendizaje clave: ya conocen el proceso completo de creación de un videojuego.
El principal freno para escalar estos proyectos es estructural. Falta inversión, formación en producción con enfoque industrial y una estrategia para convertir prototipos en productos sostenibles. “Hace falta capital de riesgo y más conocimiento sobre cómo funciona la industria desde la producción y el emprendimiento”, señala el organizador.
🌱 Un ecosistema pequeño pero articulado
Aunque la industria es incipiente, la comunidad no parte de cero. En Ecuador existe la Asociación de Desarrolladores de Videojuegos del Ecuador (ADVEC), que agrupa a creadores locales y mantiene vínculos con eventos internacionales. En 2020, cuando inició su proceso de formalización, se registraron unas 120 personas y alrededor de 20 estudios, aunque ese dato es referencial.
Hoy no existe una cifra oficial actualizada. Terceros estima que podrían existir entre 150 y 200 personas dedicadas al desarrollo de videojuegos como actividad laboral. Un indicador de ese crecimiento es la presencia internacional: este año, cerca de 20 ecuatorianos asistirán a la Game Developers Conference (GDC) en San Francisco; hace cinco años iban uno o dos.
El ecosistema también muestra continuidad interna. Parte del equipo organizador proviene de ediciones anteriores como participantes, y al menos tres proyectos han incorporado talento surgido de estas jornadas. Además, varios ex participantes hoy dictan clases en universidades e institutos tecnológicos.
El financiamiento, sin embargo, sigue siendo un límite. Para las game jams no ha habido apoyo público directo; se sostienen con alianzas privadas. Sí existen fondos culturales que reconocen al videojuego como producto creativo, pero no una política específica para la industria.
Durante 48 horas, Quito se convirtió en un laboratorio de desarrollo de videojuegos. No hubo lanzamientos comerciales ni premios millonarios, pero sí 13 prototipos que condensan años de aprendizaje acumulado. En un país donde la industria aún no despega, estos encuentros funcionan como un ensayo colectivo: no garantizan un mercado, pero sostienen una comunidad que ya sabe cómo crear.