El colonialismo es una regla y no la excepción en la historia humana. Bajo diferentes contextos y circunstancias la fuerza ha dominado a la especie humana. La barbarie antes que la civilización marcó a culturas y regiones de todo el planeta, a través del poder de las armas, en aras del expansionismo territorial e incluso en nombre de las religiones.
Erick Fromm plantea la teoría de la destructividad humana, como explicación de los afanes de dominación articulados a diversos tipos de agresividad, apenas morigerados por la cultura. Los antropólogos identifican tres factores que incidieron, desde el principio de los tiempos: la posesión de la tierra, la producción de alimentos y la sexualidad.
Los romanos decían: “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”. Y así nacieron imperios en Occidente y Oriente, con diferentes causas y efectos que diezmaron a poblaciones enteras, y preconizaron el apogeo de procesos de colonización bajo distintas denominaciones: descubrimientos, conquistas, adhesiones o invasiones.
“El colonialismo es un sistema de dominación política y militar mediante el cual una potencia, conocida como metrópoli, ejerce el mando formal y directo sobre otro territorio. Así, implica el control no consentido de una población, en una región foránea, originalmente ajena a la nación colonizadora”.
El colonialismo suele confundirse con el imperialismo. Mientras que el colonialismo implica generalmente el asentamiento de población en los territorios dominados, el imperialismo puede referirse a formas de control directo o indirecto sin necesidad de colonización permanente. No obstante, ambas formas de dominación han sido utilizadas para el beneficio económico y estratégico de las potencias coloniales.
La historia registra diversos tipos de colonización. Según Annick Lempérière, un concepto de colonizar implicaba “poblar”, mediante migraciones ordenadas o una fundación que no liaba con la dominación de un pueblo sobre otro, sino la toma de posesión de un territorio. Posteriormente, el fenómeno del colonialismo tendría variaciones al sobrevenir la modernidad.
Las expediciones europeas a América antes de Cristóbal Colón incluyen a los vikingos, quienes, liderados por Leif Erikson, llegaron a América del Norte alrededor de 1000 d.C. y establecieron un asentamiento en Terranova, Canadá. A más de los vikingos, hay teorías que sugieren que los polinesios pudieron haber llegado a las costas de América del Sur, específicamente a la zona de Chile.
El colonialismo europeo tuvo dos etapas: la primera en el siglo XVI llevada a cabo por los imperios español y portugués, seguidos por ingleses, franceses y neerlandeses, y la segunda oleada, que se produjo en el último tercio del siglo XIX y la mitad del siglo XX, cuando países europeos conquistaron otros continentes de forma muy rápida.
Los principales países colonialistas en esa época fueron Bélgica, Francia, Reino Unido, España, Portugal, Alemania, Italia, Rusia, Dinamarca y Países Bajos. Las causas de este colonialismo fueron principalmente tecnológicas y económicas e influyeron también factores políticos y culturales.
Pero no todo fue color de rosa: el tráfico de esclavos a gran escala que los europeos, norteafricanos y musulmanes practicaron desde hacía siglos, fue una parte del modo de producción colonial que los europeos usaron para explotar recursos mediante la mano de obra, aún en regiones donde previamente la densidad de población no habría permitido el uso intensivo, de no haber tenido esclavos.
Los partidarios del colonialismo se justificaron al crear una ideología basada en el racismo. Una de sus bases era creer que el colonialismo tenía una misión civilizadora, considerando que los únicos civilizados eran los “países grandes”, y el resto era considerado incivilizado y salvaje. Esta ideología racista generó en el mundo sentimientos de superioridad y resentimientos. El siglo XX -con dos guerras mundiales- registra acontecimientos dolorosos.
Hoy, en pleno siglo XXI, se habla del colonialismo climático, concepto que nace a partir de un patrón en el que el capitalismo refuerza la desigualdad económica y social, a través de políticas que se aplican para mitigar o adaptarse al cambio climático.
Se sabe que los países desarrollados e industrializados fueron los principales responsables del desorden climático, y crearon precarias soluciones que los llevaron a trasladar la crisis a los países pobres y en vías de desarrollo. Este fenómeno tomó sus raíces en el colonialismo y el extractivismo, en donde los países más desarrollados perjudicaron a los menos desarrollados para obtener beneficios.
Otra variante en el siglo XXI es la colonización de los fármacos, que se refiere al proceso mediante el cual los descubrimientos en el ámbito farmacéutico, se han visto influenciados por la colonización y la expansión de la ciencia moderna. Este proceso ha tenido un impacto significativo en la evolución de la medicina y la farmacología, llevando a la creación de nuevos tratamientos y la medicalización de la vida, mediante distorsiones conducidas de manera intencionada por empresas transnacionales.
Pero la mayor colonización en los primeros 25 años del siglo XXI va de la mano del mercado -la guerra económica y tecnológica-, y del imperio del más fuerte, con poderío militar, económico y político, que impone tasas, desconoce el derecho internacional, busca petróleo y tierras raras, entierra el multilateralismo y elimina la inmigración.
El abandono del poder blando erosiona la democracia mundial. La ONU yace debilitada, no solo política sino económicamente, frente a un nuevo orden internacional que se gesta entre las grandes potencias, por acción de un poco inocente mecanismo de dominación: el imperio de los aranceles.