La polarización sigue logrando éxitos, ha conseguido que la masa se olvide de pensar y adopte emocionalmente un bando. Los pocos pensantes también están polarizados, algunos constitucionalistas descalifican a otros constitucionalistas, analistas denigran a analistas, periodistas se burlan de periodistas y así van todos.
La campaña electoral nubla más el horizonte, aunque parezca todo muy claro para cada bando. ¿Bases militares extranjeras? Por supuesto, para que ayuden a derrotar a la delincuencia, dicen de un lado; es peligroso ceder bases militares a potencias belicistas, se gana poco y se arriesga mucho, dicen del otro lado.
¿Eliminación del financiamiento estatal para los partidos? Que financien los afiliados y no todos los ciudadanos, dicen de un lado; será la sepultura de los partidos políticos, dicen del otro bando. ¿Reducir el número de asambleístas? Al reducir el número costará menos y habrá menos desorden político, dicen de un lado. Perderán representación las minorías, dicen del otro bando.
¿Convocar una nueva Asamblea Constituyente? Sí, para eliminar las veleidades de la actual Constitución, se dice desde uno de los bandos. Otra refundación del país que no cambiará nada, dicen desde el otro lado. El bando de los pensantes es reducido y también está dividido.
Los bienpensantes creen que hay dos factores que condicionarán la composición de la asamblea: la polarización que reduce el espectro político a dos fuerzas y el método D’Hondt que favorece a los partidos dominantes. Estos factores otorgarán mayoría al noboísmo o al correísmo; será imposible alcanzar dos tercios de los votos sin un acuerdo entre ellos.
Los malpensantes creen que el acuerdo ya existe porque los dos aprobaron el método D’Hondt, son los culpables de la polarización y probablemente pactaron la aprobación de los dos tercios. El acuerdo tendría precio: ¿otra vez gobernabilidad a cambio de impunidad? La inteligencia artificial no resolverá el problema político ecuatoriano.