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¿Cuáles son las razones de este récord impresionante? Dos, en síntesis: 1) su reputación como investigador de la Lingüística, y 2) su influencia como teórico social y político, crítico de los medios de comunicación social, preocupado de las instituciones democráticas y defensor del ambiente saludable. Sus textos son amigables, comprensibles y dotados de sabiduría natural, donde “el sentido común ha sido elevado a una categoría superior”.

La jerarquía de Chomsky

Filósofo, lingüista y activista político, de origen judío, Noam Chomsky nació en Filadelfia, en 1928. Es profesor emérito de Lingüística en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), y ha contribuido con la gramática generativa a las investigaciones de la Lingüística moderna y la ciencia cognitiva, con críticas al conductismo de Frederic Skinner.  Es el creador de la jerarquía de Chomsky, una clasificación de lenguajes formales de gran importancia en la teoría de la computación.

Admiró a Platón en la búsqueda de la verdad, pero discrepó con él en la creación de una jerarquía donde los intelectuales fuesen la clase privilegiada. Se declaró partidario del “sentido común cartesiano”, y fue partidario de Jean-Jacques Rousseau, de manera especial “El discurso sobre la igualdad”, quien puso en tela de juicio la legitimidad de casi todas las instituciones sociales; encontró afinidades con Wilhelm von Humboldt -hermano de Alexander-, sus ideas políticas y lingüísticas; reconoció su deuda con Karl Marx, aunque no con la revolución rusa, que consideró una “perversión derechista del marxismo” o un capitalismo de Estado; y con George Orwell, quien creó un marco de análisis de la propaganda política y el control del pensamiento.

Las “fuerzas invisibles”

Chomsky fue mordaz en el libro “La fabricación del consenso” o modelo de propaganda, al describirlas “fuerzas invisibles” que ejecutan ciertos medios, a través de los “filtros de las noticias”. En ese contexto escribió que “le parecía inconcebible que una sociedad de seres humanos libres tolere que un puñado de seres humanos… estén (…) colmados hasta el hartazgo de cosas superfluas, mientras la multitud padece hambre”.

Una forma de luchar

¿Qué puede hacer una persona? Una forma de luchar, según el axioma de Chomsky es “acabar con todas las preocupaciones innecesarias y ayudar a contrarrestar la sensación de impotencia, que la gente tiene cuando desea obrar como corresponde en un mundo tan complejo y peligroso”.

Su propuesta concreta es “reconocer que cada quien es responsable de las consecuencias predecibles de sus actos. En segundo lugar, lo más importante es adiestrar la mente para no ser engañados, practicar el pensamiento crítico y formular preguntas. La aceptación pasiva es un hábito muy peligroso. Y, por último, si escuchamos con cuidado y ejercemos nuestro discernimiento crítico, nuestras posibilidades de sobrevivir serán mayores”.



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¿Cuáles son las razones de este récord impresionante? Dos, en síntesis: 1) su reputación como investigador de la Lingüística, y 2) su influencia como teórico social y político, crítico de los medios de comunicación social, preocupado de las instituciones democráticas y defensor del ambiente saludable. Sus textos son amigables, comprensibles y dotados de sabiduría natural, donde “el sentido común ha sido elevado a una categoría superior”.

La jerarquía de Chomsky

Filósofo, lingüista y activista político, de origen judío, Noam Chomsky nació en Filadelfia, en 1928. Es profesor emérito de Lingüística en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), y ha contribuido con la gramática generativa a las investigaciones de la Lingüística moderna y la ciencia cognitiva, con críticas al conductismo de Frederic Skinner.  Es el creador de la jerarquía de Chomsky, una clasificación de lenguajes formales de gran importancia en la teoría de la computación.

Admiró a Platón en la búsqueda de la verdad, pero discrepó con él en la creación de una jerarquía donde los intelectuales fuesen la clase privilegiada. Se declaró partidario del “sentido común cartesiano”, y fue partidario de Jean-Jacques Rousseau, de manera especial “El discurso sobre la igualdad”, quien puso en tela de juicio la legitimidad de casi todas las instituciones sociales; encontró afinidades con Wilhelm von Humboldt -hermano de Alexander-, sus ideas políticas y lingüísticas; reconoció su deuda con Karl Marx, aunque no con la revolución rusa, que consideró una “perversión derechista del marxismo” o un capitalismo de Estado; y con George Orwell, quien creó un marco de análisis de la propaganda política y el control del pensamiento.

Las “fuerzas invisibles”

Chomsky fue mordaz en el libro “La fabricación del consenso” o modelo de propaganda, al describirlas “fuerzas invisibles” que ejecutan ciertos medios, a través de los “filtros de las noticias”. En ese contexto escribió que “le parecía inconcebible que una sociedad de seres humanos libres tolere que un puñado de seres humanos… estén (…) colmados hasta el hartazgo de cosas superfluas, mientras la multitud padece hambre”.

Una forma de luchar

¿Qué puede hacer una persona? Una forma de luchar, según el axioma de Chomsky es “acabar con todas las preocupaciones innecesarias y ayudar a contrarrestar la sensación de impotencia, que la gente tiene cuando desea obrar como corresponde en un mundo tan complejo y peligroso”.

Su propuesta concreta es “reconocer que cada quien es responsable de las consecuencias predecibles de sus actos. En segundo lugar, lo más importante es adiestrar la mente para no ser engañados, practicar el pensamiento crítico y formular preguntas. La aceptación pasiva es un hábito muy peligroso. Y, por último, si escuchamos con cuidado y ejercemos nuestro discernimiento crítico, nuestras posibilidades de sobrevivir serán mayores”.



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